MUJER
Detrás de cada mujer hay una historia que la convierte en guerrera.
30 de enero de 2021 08:01:00
Por Lic. Meme Rojas
@memerojas_
Si hablamos de ella podemos decir que es una vida inspirada en el amor, la perseverancia, el esfuerzo, la resiliencia, el trabajo colectivo, la militancia social y el conocimiento. Nació en un caluroso verano del '76, el 23 de diciembre Mabel y Luis daban a luz a Érica Eva Lanzini.
Su infancia trascurrió en una casa de trabajadores frente a la estación de ferrocarril en Napaleofú, sencilla, cálida. Cierra los ojos y hasta puede visualizar a su papá en su galponcito con sus herramientas, su patio con un limonero y plantas con flores que cubrían el alambre tejido que separaba el terreno con la casa de al lado. Esos aromas que no olvida jamás. Dicen que el recuerdo del aroma despierta el recuerdo en el alma y observarla hablar de sus padres, de sus hermanos Fernando, Walter y Mauricio es el reflejo de saber que el amor es la fuerza que mueve el mundo. No sólo hay respeto y admiración por su linaje, hay orgullo por su identidad, por la cultura del trabajo, por una madre que durante su adolescencia se desempeñó como Delegada Municipal. En cada palabra, en cada expresión hay amor, gratitud y orgullo que se traduce en el brillo de esos ojos tan claros, en esa belleza tan particular que tiene nuestra invitada. Escucharla hablar de sus orígenes es retomar la frase del maestro Galeano, "los científicos dicen que estamos hechos de átomos, pero a mí un pajarito me contó que estamos hechos de historias". Y así su vida es una historia sumergida en la pasión.

Érica, mamá de tres jóvenes, Francisco 26 años, Dana de 20 y Juan Martín de 17. Su primera maternidad fue en plena adolescencia. "Panchi" como lo llaman, no le negó un futuro, le dio uno nuevo. Pudo co crear sus deseos a través de una fuerza arrolladora, reinventarse a pesar de su edad. Se graduó de Lic. en Relaciones Internacionales y años después inició un Doctorado en Ciencias Política en la UNSAM. En paralelo realizó una Especialización en Políticas Públicas y Justicia de Género (CLACSO), y este año termina la Especialización en Docencia Universitaria (UNLP). Es docente en la Facultad de Ciencias Humanas y extensionista en el Programa Universidad en la Cárcel de la UNICEN. Su desarrollo en el área de investigación tiene que ver con Género y Política, y su tesis investiga la estructura de oportunidades para el acceso de mujeres al cargo de Intendente en los municipios de la Prov. de Buenos Aires. A su vez es delegada sindical en ATE (por su rol como funcionara pública de Anses). Desde allí está comprometida con las condiciones de trabajo de quienes desempeñan tareas en el Estado, con la erradicación de la violencia por razón de género dentro del Estado y en las organizaciones sindicales y con la efectivización de políticas públicas que garanticen derechos a toda la población.
¿Mucho no?! ¡Con sólo 44 años esta mujer no sólo nos deslumbra en la materialización de la dialéctica entre el saber y la praxis, sino en su militancia en post de la justicia social! Es el claro ejemplo de que la creatividad es la inteligencia divirtiéndose. Desde el año 2015 se destaca como actriz en obras de teatro como herramienta de transformación social, de instrumento de empoderamiento social, dirigiéndose a todo tipo de colectivo, en pro de la promoción de su protagonismo. Su principal objetivo es devolver a las personas, sean ellas espectadoras o actrices, la capacidad de reflexionar de manera crítica sobre la realidad que les rodea, analizar la violencia intrínseca en la cotidianidad, y buscar a través de herramientas artísticas, la posibilidad de generar esperanza para el cambio social.
Érica hoy es nuestra invitada porque representa a muchas mujeres, demostrando que las mujeres podemos ser todo lo que nos propongamos y más. Fuera de prejuicios y clichés las mujeres tomamos cada día más el poder, asumimos nuestros cuerpos, feminidades y sobre todo nuestra independencia.
Necesito terminar con algo que siento, problematizo y vibro desde que la conozco. Más allá de diferencias que hemos mantenido en algún tiempo (sería hipócrita no hacer referencia a ello) hoy desde el respeto y la admiración, desde el saber que la vida es un aprendizaje continuo, espero que esta mujer en un futuro NOS represente en la política. Que quienes determinen las listas de nuestros y nuestras representantes no se limiten a cofradías sectarias, amiguismos o dedocracia, sino que también puedan visibilizar mujeres con capacidades, eficiencia, eficacia, talento, saberes y trabajo social como nuestra invitada. Como sociedad nos merecemos un espacio de construcción colectiva que permita la participación directa en la decisión de los que buscamos una alternativa y de los que queremos un cambio social. Un espacio en donde quienes nos representen seamos nosotros, donde nuestro futuro no quede atado tan sólo a una boleta determinada por una minoría. No olvidemos que la política como herramienta de construcción colectiva nace pensada desde una democracia donde la participación ciudadana sea horizontal. Es hora de que mujeres como Érica, una mujer segura que se viste de fuerza y dignidad los 365 días del año sean visibilizadas.

¿Cómo transcurrió tu infancia en Napaleofú? ¿Cuál es el recuerdo que no olvidas de tu niñez?
Cuando pienso en mi niñez, siento que soy una afortunada. Tuve una infancia llena de amor. A menudo regreso a esa infancia donde los días de verano traían lluvias con olor a tierra mojada, y los días de invierno muchas frazadas. Crecí en Napaleofú cuando vivir allí era vivir sin agua corriente, sin gas natural, ni teléfono domiciliario (y eso no fue hace tanto). Son recuerdos de botas de goma y guardapolvos blancos, del paquete de caramelos que traían mis abuelos maternos en cada visita al pueblo y de mi madre despidiéndolos con la mano en la vereda hasta que doblaban en la esquina. De buñuelos con membrillo de mi abuela paterna y de sus mates lavados, muy lavados.
Mi viejo, con sus ojos claros y su mirada firme, su lucha diaria trabajando de lo que no quería para sostener un sueño de familia y su alegría cuando pudo volver a laburar al campo, subirse a un tractor como lo había hecho por primera vez a sus ocho años.
Mi vieja... ¿sabés que mi vieja es la mujer más inteligente, tenaz y amorosa que conozco? Sus días de 30 horas para estar siempre, siempre. Las meriendas de café con leche y pan con dulce, los trajes escolares cosidos por ella, el lavarropas siempre cargado, y sus caricias antes de dormir. Con ella aprendí (y aprendo) a vivir, a no aflojar nunca, a ir por mis sueños. Aprendí que no importa la cantidad de tiempo, importa qué hacemos el tiempo que estamos con quienes queremos. Sin dudas, mi mejor maestra. Con ella me enamoré de la militancia y por ella supe el valor de la justicia social. Mis hermanos, Nano, Walter y Mauri, y nuestros viajes en el asiento de atrás del Falcon. ¡Y nuestras peleas para ver quién iba del lado de la ventanilla! Mi infancia fue una infancia de cuatro, y fue fantástica.
¿Cuándo y por qué llegaste a Tandil? ¿Qué sueños traías? ¿Los cumpliste?
En 1996 comencé a estudiar en la Facultad de Ciencias Humanas. Durante buena parte del año, lo hice viviendo en Napaleofú y viajando a diario. Fue un tiempo de mucho esfuerzo. Por ese entonces, Panchi tenía un año y con su papá hicimos un gran esfuerzo para coordinar horas de trabajo, estudio y cuidados. En agosto, una posibilidad laboral en Tandil nos permitió tomar la decisión de instalarnos en la ciudad, aunque en un principio viajábamos todos los fines de semana a casa de mi familia. De a poco me fui instalando y hoy siento que Tandil es mi ciudad. Creo que, en ese entonces, soñaba con graduarme, con terminar la carrera y, sí, ¡lo logré! Y en tiempo récord: tardé 4 años y 9 meses en recibirme de Lic. en Relaciones Internacionales.
Fuiste mamá adolescente ¿Cómo describís esa experiencia? Durante tus tres maternidades ¿cómo se conjugaron tantos roles en los que estabas y estás inserta?
Fui mamá a los 17. Confieso que no fue fácil. Cuando supe que estaba embarazada estaba en 4º año de la Secundaria y sentí que se derrumbaban mis sueños, que ya nada sería como lo había pensado. La chica linda, la única mujer entre cuatro hermanos, la alumna de las buenas notas, la militante que presidía el Centro de Estudiantes o daba talleres de primeros auxilios en escuelas rurales, de pronto "había quedado embarazada". Me costó afrontar el qué dirán (pueblo chico...) pero sobre todo sentí que estaba decepcionando a mis padres. Hasta que salí de la sala de parto con Panchi en brazos y vi a mi viejo lagrimear de la emoción. Recuerdo que en la consulta médica en la que supe que estaba embarazada de Fran (Panchi), la médica que me atendió me dijo "tengo que preguntarte qué querés hacer, para ver cómo seguimos". En ese momento supe que deseaba a ese pequeño en mi vida y desde entonces venimos creciendo juntos. Hoy me gusta nombrarme como "mamá adolescente" porque ello implica haber transformado esas contradicciones en la capacidad de pensarme críticamente y, sobre todo, en la posibilidad de compartir con otras jóvenes mujeres la importancia de que nuestras maternidades sean deseadas. Luego llegó Dana (yo ya con 23). Ay, ¡qué niña! Dana la del equilibrio, la de las palabras justas, la que está siempre y te dice lo que tiene que decir, aunque a veces no te guste. Y por último, Juanmi, el pequeñín, con toda su ternura. No sé muy bien cómo se conjugaron las diferentes tareas. Tal vez sacando un poquito de tiempo de acá para ponerlo allí, haciendo mil cosas a la vez, corriendo para estar siempre donde quería estar. Por momentos, dejando que el patriarcado gane, y por otros, resistiéndolo. Como hacemos todas las mujeres. Y con mucho apoyo. De mi familia, especialmente de mamá y de Naty, la segunda mamá de mis hijes.

Sos tan joven y la vida te dio la posibilidad de ser abuela ¿cuál fue el mayor aprendizaje que te enseñó este rol?
Puf ¡otra que no esperaba! jeje. La "nona Eri" como me dice Enzo. Creo que el mayor aprendizaje de ser abuela tiene que ver con cómo se reconfiguran los vínculos con nuestres hijes cuando empiezan a transitar la paternidad o maternidad. En mi caso, Enzo fue un nuevo comienzo en la relación con Fran. Nos hizo comprendernos mejor y acompañarnos desde otros lugares.
Es tan extenso tu currículum académico y tu praxis: ¿qué es lo que te motiva a estar en constante movimiento? ¿Qué lugar ocupa el saber para vos?
Bueno, no estoy tan segura de que mi currículum académico sea tan extenso como lo señalás, en particular porque no he tenido una carrera académica ascendente, aunque sí ha sido sostenida. Sin pausas, pero sin prisa. Y con mucho movimiento. Soy particularmente curiosa. Me gusta saber, me entusiasmo rápidamente con nuevas cosas, valoro mucho los nuevos aprendizajes. Me gusta "ser estudiante" y asumo ese lugar aun cuando estoy siendo docente. He tenido la suerte de estar rodeada de maestros y, especialmente, de maestras en distintas etapas de mi vida y he aprendido mucho de ellas. Mabel Pio, Matilde Rodríguez, Lili Giannatasio, Analía Umpierrez, Cecilia Gramajo, Cristina "Pocha" Roteño, Dana Torres Lanzini, mujeres a las que admiro y de quienes aprendo constantemente.
Creo que el saber habilita, genera posibilidades. Creo en la educación pública, en la educación popular y en las pedagogías feministas porque se sostienen en el reconocimiento de les otres, en la escucha, en la pregunta y en el afecto.
¿Cómo fue que descubriste el amor al arte? ¿Qué es el arte para vos?
El arte es lo único trascendente. Siempre me atrajo el teatro. Disfruto mucho ir a ver teatro, sentarme en la butaca y dejar que la obra me embriague. Agradezco vivir en Tandil donde tenemos tanta cantidad de teatristas independientes que hacen cosas tan increíbles. Y agradezco haberme cruzado con Mary Boggio, María Elena Nemi, Cecilia Gramajo, Martina Cabrera, Pilar Jaureguiberry, con quienes disfruté -y disfruto- aprendiendo a actuar. Creo que existe una conexión entre el teatro y la política, dos cosas que me apasionan. Ambos tienen la capacidad de transformar a les otres. La política tiene la capacidad -y la responsabilidad- de transformar la vida de las personas, de eliminar las injusticias, de garantizar el buen vivir. El teatro tiene el potencial de transformarte aunque más no sea durante el tiempo que dura la obra. El teatro te puede hacer reír, llorar, amar, odiar; te puede gustar o no, pero siempre hará sentir, te movilizará. Esa capacidad transformadora es única.
¿Qué mirada tenés sobre la mujer en la actualidad? ¿Qué ganamos? ¿Perdimos algo?
En principio, me gustaría hablar de mujeres, en plural. Porque somos muchas, únicas, diferentes. Estoy convencida que las mujeres feministas son las únicas que tienen la posibilidad de hacer de nuestras sociedades, mejores lugares para vivir. Y no lo digo porque me sienta parte de ellas sino porque serlo, precisamente, me permite saber y sentir que cada una de las luchas que se asumen desde los feminismos son luchas colectivas por la justicia social. Las mujeres ganamos a costa de perder, porque históricamente hemos perdido, y de esas pérdidas aprendimos a ganar. Nuestras luchas pueden mostrarnos de manera crucial las dificultades que implica la transformación, pero también sus posibilidades. El proyecto político del feminismo recupera ese nudo, lo desenreda y teje un nosotras que reacciona emocional, ética y políticamente a aquello contra lo que lucha. Nuestro último gran triunfo ha sido la ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. Nuestras pérdidas siguen siendo las compañeras víctimas de femicidios, la violencia -en todas sus manifestaciones- y, sin dudas, la feminización de la pobreza que se ha pronunciado en los últimos años. Y también me gustaría hablar de mujeres en plural porque en ellas me reconozco. En nuestras viejas, en las compañeras de militancias, y en las amigas con quienes construimos otras familias y ampliamos nuestros amores. Vero, Eli, Flor, Emi, Loli, Pocha, Pili, mujeres fuertes, sensibles, luchadoras. Se de tu bajo perfil, pero también se de tu compromiso con la realidad social.
¿Qué deuda tenemos como sociedad para los sectores más vulnerables?
"Que reine en el pueblo el amor y la igualdad" es, sin dudas, nuestra mayor deuda. No sólo es nuestra deuda como sociedad con los sectores más vulnerables, sino que es la deuda de la democracia. Y no sólo en nuestro país. Las democracias han demostrado tener serias dificultades para alcanzar la igualdad en un mundo que se sostiene sobre un sistema económico que funciona sobre la generación de desigualdades.

¿Cuál fue la anécdota que más te marco en tu amplio trabajo social?
Es una pregunta difícil, porque tengo muy mala memoria, así que seguro olvido situaciones que han marcado mi compromiso social, pero hay dos que me gustaría relatar. La primera de ellas tiene que ver con mi desempeño como trabajadora de Anses: hace un par de años se me asignó la atención de un "punto de contacto" que el organismo había instalado en la Universidad Barrial, en el barrio de Villa Aguirre (barrio al que siempre disfruté asistir, personas a las que aprendí a respetar y querer). Uno de los días en que atendía, se acercó un señor mayor, jubilado, a consultar por un trámite. Conversando me contó que vivía con su esposa y que, desde hacía un tiempo, había llevado a su casa a su hermana quien tenía una discapacidad. Indagando la situación, detecté que la hermana no estaba recibiendo los beneficios de la seguridad social para personas con discapacidad que el Estado nacional otorga. Iniciamos los trámites y, un par de meses después, José comenzó a percibir la asignación por discapacidad por su hermana. Cuando le comuniqué que el beneficio estaba al cobro, su respuesta fue: "ahora vamos a poder salir a pasear con mi esposa. Es que siempre quisimos hacerlo y nos pasamos la vida trabajando, pero ahora vamos a poder dejar que alguien cuide a mi hermana para salir a dar una vuelta en la camioneta". A veces, nuestro trabajo también hace a la felicidad de otres. Sólo es cuestión de comprometernos con ello. La segunda surge de mi actuación y mi ser feminista. En una función de "Mordisco", la obra de Ma. Elena Nemi en la que trabajé (y que siempre quiero volver a poner en escena) toca temas profundos de la vida, la identidad y la subjetividad de las mujeres. Un año hicimos una función de la que participaron estudiantes de la Facultad. Tiempo después, en una jornada académica que nada tenía que ver con la obra (o sí?), se acercó una estudiante y me dijo: "vos sos la que trabaja en Mordisco, no? Bueno, te quería agradecer porque después de ver la obra pude denunciar un abuso sexual que sufrí en mi adolescencia". Nada más que agregar aquí.
¿Cómo te gustaría que te recuerden?
No lo he pensado. Prefiero contarte cómo me gustaría que me reconozcan: como mujer, feminista, trabajadora y compañera. Como trabajadora estatal, que la gente sepa que siempre voy a hacer todo lo que esté a mi alcance para resolver su problema, para darle respuesta. Como compañera, que les demás trabajadores confíen que siempre lucharé para que nuestras condiciones de trabajo sean las que nos merecemos. Como feminista, porque siempre estaré buscando construir colectivamente un mundo más justo para todes.
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