Por M.V. JORGE RAUL SPINELLI
En el manejo de los bovinos, hay detalles que se van aprendiendo con la experiencia y que, lamentablemente, no siempre son enseñados correctamente a los encargados del trabajo con la hacienda.
13 de febrero de 2021 08:02:00
La semana pasada hicimos la ecografía a las primeras 150 vacas inseminadas a tiempo fijo en la Estancia La Asunción. Para los Vieytes, campesinos primerizos, todo es sorpresa y novedad, así que allí estuvieron en la manga Bernardo, ingeniero civil de profesión, su mujer Aurora, Martín, el mayor de los hijos, futuro veterinario, y Felipe, el menor, enredado en los estudios de Agronomía.
Nosotros les habíamos dicho que un 50 % de preñez era bueno, así que el 56 % de vacas preñadas que detectamos ese día los dejó felices.
Terminamos el trabajo cerca de mediodía cuando ya casi estaba listo el cordero. Juan Amador García demostró que es un gran asador, y se despachó con un secreto correntino. Mientras se hacía la carne, cada tanto la golpeaba con una rama de romero que previamente embebía en una fuente con aceite, ajo y varias especias más. Salió espectacular. Además Aurora, gran cocinera, armó una entrada con exquisitas empanadas de carne cortada a cuchillo y acompañó el asado con dos o tres ensaladas.
Mientras comíamos, surgió en la charla el tema de los perros en la manga, porque toda la mañana me habían visto discutir con Falucho, el cuzco negro que no hacía más que estorbar. Tanto mordía a los terneros en el corral, como ladraba en la salida de la manga, haciendo retroceder asustadas a las vacas.
Yo aproveché para decir lo que pensaba, hablando con los Vieytes, pero asegurándome de que García oyera la explicación.
-¡Para mí!- Arranqué diciendo -Lo mejor es que no haya perros mientras se trabaja en la manga. Estos gauchos de cuatro patas pueden llegar a ser excelentes auxiliares en el trabajo con los vacunos, pero campo afuera, es decir, colaborando en el encierre de un rodeo. Les digo que pueden llegar a serlo, porque también he visto que trabajando a campo, hay demasiados perros que son un desastre. Ladran en cualquier lado, no trabajan asociados entre ellos y muerden a los animales en la cola y los garrones provocándoles a veces feas heridas. Hasta me ha tocado ver, cosa que no me explico como los encargados lo permiten, gente que arrea con perros a las vacas de tambo y a estos mordiendo las ubres de las lecheras, con las consecuentes mastitis, a veces muy graves. Es insólito. Por eso es que repito: Son de gran ayuda para el hombre que trabaja a caballo los buenos perros que rodean los animales, ladran cuando es necesario, y nunca muerden a la hacienda.

En la manga la cosa cambia. Aquí, prácticamente no he conocido, en más de 35 años de trabajo, perros que sean valiosos. Molestan a las vacas y a la gente, estorban, complican la tarea, a veces se pelean entre ellos y, lo que es mas triste, los dueños suelen ofenderse mucho si uno les hace mención de este «detalle»-
-¿Entonces qué es lo más recomendable?- Preguntó Martín
-Habría que entrenar a los perros que trabajan con los bovinos, tal como se hace con los Border Collie que usan los criadores de ovejas. En este caso se combinan dos cosas. Un instinto natural de lo «perros ovejeros» para trabajar con esta especie y un firme entrenamiento de los mismos, para lograr que se conviertan en irremplazables para mover las majadas.
Hay diferencias sutiles de comportamiento entre vacas y ovejas que deben ser tenidas en cuenta. Los lanares de cualquier edad poseen un instinto gregario muy fuerte y ante la menor señal de alarma, sea dada por un depredador o por la presencia del humano con los perros, tienden a juntarse estrechamente entre sí. Todos los animales en condiciones de moverse, forman entonces una sola masa. Solo se corta alguna oveja enferma o débil, o la que se da vuelta para proteger un corderito recién nacido. Los buenos perros saben que no deben atacar estos animales desprendidos y se limitan a acompañarlos pacientemente hasta que se unen al resto. Jamás deben morder y casi no se los oye ladrar. Solo se limitan a correr detrás de las pécoras, rodeándolas y animando a las rezagadas con roces y leves toques. Además se les enseñan algunas voces o silbidos claves, para comunicarles lo que el dueño desea.
Son pocos los casos en que se hace algo así con los perros que trabajan con los vacunos. Creo que la raza ideal para esto está entre el Collie puro y sus cruzas. Sin perjuicio de que pueda haber otras que sirvan a tal fin.
Los bovinos, si bien tienen instinto gregario, no lo expresan con igual intensidad todas las razas. Los índicos y el ganado criollo, suelen conducirse en forma más parecida a los ovinos, formando grupos compactos frente al peligro, mientras que las razas británicas se comportan de una forma más errática. No tan homogénea. A veces se cortan dos puntas o tres, de animales que salen en distintos sentidos. En otras ocasiones, las vacas suelen volverse para enfrentar a los perros, aunque sus crías se puedan mover normalmente. Es por esto que los perros deben tener un comportamiento especial. Lo ideal es que rodeen las vacas con pocos ladridos, tratando de lograr que formen una sola masa y facilitando la tarea del hombre a caballo. Hay gente que tiene perros muy entrenados, a los que conduce con voces o chiflidos de buena forma. El otro punto que resalto es que se les enseñe que jamás deben morder-
La charla venía para largo, así que paré un poco para tomar un buen trago de vino y agradecer el pastel lleno de almíbar que me tendía Aurora. De reojo, lo veía a Juan García acomodar las últimas presas del cordero. Contra lo que yo pensaba, se mostraba interesado en lo que estaba diciendo, aunque en ningún momento hizo acotaciones.
-¡Ajá!- Siguió Bernardo -¿Y una vez que ya tenemos las vacas en la manga que pasa con los perros?-
-¡Bueno! En este punto, yo trato de que nadie se enoje, pero pienso que lo mejor es dejar los perros atados en algún lugar alejado o, si son obedientes, echados al lado del caballo. En la manga, el trabajo es para la gente y, a lo sumo, si son mangas como algunas que vi en Corrientes, se puede trabajar a caballo, ya que los corrales son demasiado grandes- García asintió con la cabeza. Creo que estaba orgulloso de la mención.
-Nosotros preferimos andar a pie y usar como ayuda un palo de eucaliptus, recto, con las puntas redondeadas, no muy pesado y de alrededor de un metro y medio de largo. Con ese bastón, apartamos tranquilamente los animales que queremos, y movemos cualquier categoría solo con algún toque suave en el cuarto trasero-
-¿Pero no hay que usar banderitas para hacer eso?- Preguntó Martín -Yo vi un programa en Canal Rural donde explicaban todo el asunto-
-¡Mirá Martín! No está mal usar las banderitas, así como cualquier otra cosa que te sirva para manejar los animales sin enloquecerlos y de manera eficaz. Nosotros estamos acostumbrados a los bastones de eucaliptos y nos va bien-
-¿Y de las picanas que piensa Spinelli?- Dijo de pronto Felipe, que hasta el momento se había dedicado solo a comer y a escuchar.
-¡La picana es todo un tema Felipe! A mí me parece una muy buena herramienta para trabajar con los vacunos, siempre que se la use adecuadamente-
En cuanto dije esto, Aurora, que estaba levantando la mesa y tirando al fuego las servilletas de papel, me miró ofendida.
-¿Como que es una buena herramienta? Dijo molesta ¡La picana es un horror! ¡Pobres animales lo que deben sufrir!-
-¡Sí! Y además leí un informe donde dice que el uso de la picana arruina la carne porque produce pequeñas hemorragias- Acotó Bernardo, al que tampoco le gustaba el asunto.
-¡Miren! Les puedo decir, con el fundamento que dan tantos años de trabajo con la hacienda, que el buen uso de la picana es de gran ayuda en determinadas situaciones como la carga de un camión, o el trabajo con animales que, por el mal trato continuado se han puesto demasiado mañeros. La descarga eléctrica de la picana es totalmente inocua, y el animal reacciona por la sorpresa que le produce, más que por el dolor. Además, hemos encontrado, en un ensayo personal, que no queda el menor rastro en los tejidos subcutáneo y muscular, derivado del uso de la misma. Finalmente, prefiero mil veces el toque de una picana, que ver un animal molido a palos por un «vaquero» hecho un manojo de nervios-
Creo que en este último punto no los convencí. De todas formas, el asado terminó cordialmente y después de tomar un buen café, nos subimos a la camioneta y regresamos a la veterinaria. A la tarde nos esperaba un lote de toros para revisar.
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