CUENTOS DE INVIERNO

CUENTOS DE INVIERNO

Otro veinticuatro

4 de agosto de 2021 10:08:00

Todo hace pensar que es un día más. Las mismas personas en los mismos horarios, los mismos horarios para las mismas tareas, los mismos saludos, los mismos comentarios, nada nuevo. Los movimientos lentos, perezosos despiertan al vecindario, lo ponen en marcha, preparándolo para la jornada que comienza.

Buen día profesor, linda mañana tenemos hoy.

El barman gordo termina de barrer la vereda mientras la máquina de café calienta el agua para el primer desayuno del día. La única mesa donde da el sol, al lado de la vidriera, la ocupa el profesor de Filosofía, que acomoda por enésima vez sus pesados anteojos, en su lectura matutina del diario local. Las otras pocas mesas, vacías, limpias desde la tarde noche de ayer al momento del cierre.

En silencio cada uno cumple con su rutina de todas las mañanas. Ese contrato no escrito respeta cada minuto con precisión. Mitad y mitad, dos sobres de edulcorante, una salada y una dulce, breve repasada a la mesa, un gracias en silencio con leve movimiento de cabeza y pestañeo que acompaña detrás de los gruesos cristales de sus lentes que se vuelven a desacomodar. El barman gordo va detrás del mostrador, sube el volumen de la radio, está comenzando el noticiero de las 9:30. A partir de allí tema libre, comentarios, opiniones sin mucha convicción que siempre coinciden, me dijo tal, anoche lo escuché en la tele, lo miro a veces, mi mujer ¿vio?, a mí no me gusta, es siempre lo mismo, me aburre.

El profesor de Filosofía, mientras pronuncia alguna teoría pone serio al barman gordo que asiente con la cabeza. No entiende mucho lo que le dice pero igual asiente. El profesor se acerca al mostrador y como si fuera la primera vez pregunta cuánto es, conoce la respuesta. Le da el cambio justo y cinco pesos de propina.

Mira el reloj de pared, ya es la hora. Como último ritual de la mañana posa su mirada melancólica, triste, añeja, a esa foto que apoyada en la botella de Bols rinde un sencillo homenaje a quien despertara las pasiones sepia de los hombres del pueblo y el espanto de aquellas damas de Ntra. Sra. De Begoña. La mirada a lo que no pudo ser, el rechazo de ayer, la resignación de los caminos que se bifurcan, la llegada a ninguna parte. Amor de muerte temprana, antiguo dolor que hoy revive más que nunca, porque hoy es veinticuatro.

Se hace tarde.

En el living del viejo chalet que ya no brilla, Paula se prepara para el examen de filosofía, en silencio, últimos minutos. Su tía Libertad está ahí. Karin, su hermana menor, recién levantada, descalza, se pasea irreverente imitando a su tía en aquellos años de gloria que sólo conoció en blanco y negro.

Paula se enoja y le llama la atención a Karin que sigue paseándose, hoy no Karin, hoy no, hoy es veinticuatro. Libertad está ahí, presa en el dolor de su memoria.

Es lo que queda de aquella historia de su cuaderno de recortes amarillentos de diarios y revistas que repasa cada veinticuatro. Corta historia, largos recuerdos, decisiones sin retorno. Esa última foto, aplausos, público, última y ¿después?, el terrible accidente que la postró. Allí siempre se detiene y se pierde, se va, él no está en ese cuaderno, tampoco en su vida. Un tiempo más le había pedido ella y después...pero así no, así no.

Paula se vuelve a enojar con Karin y le pide que hoy no, hoy no Karin, por favor, mientras acomoda a la tía Libertad en el sillón que mira hacia la calle. Allí queda, inerte, inmóvil. Ve pero no mira, oye pero no habla, piensa y siente, su corazón resistió el accidente, su cuerpo y su futuro no.

Entre el bar y la escuela, la vereda sucia, llena de hojas de otros otoños, el chalet opaco, el jardín sin flores, la ventana del living y allí Libertad para verlo pasar.

Buen día profesor, buen día Prudencio, hoy es veinticuatro profesor ¿le guardo una?, sí Prudencio, para la vuelta, hoy en hora y media, tengo examen. Las gardenias están muy lindas profesor.

Todo hace pensar que es un día más, pero hoy es veinticuatro. El barman gordo prepara la vuelta, limpia la vidriera, repasa la foto, el florerito en su lugar, al lado de la Bols, espera la gardenia del profesor. Porque hoy es veinticuatro, como aquel fatídico día en que el amor y la gloria murieron juntos.

HUGO BASUALDO (26/05/2015)

Datos del autor:

"Soy Hugo Basualdo, tengo 65 años, participo del taller de Patricia Ratto desde el 2014. Tengo cuentos publicados en dos antologías del taller: El balcón de cristal (2014) con el cuento Tropiezos y en Naranjas amargas (2016) con Estatua viviente. También me publicaron en dos ediciones de Malas artes (2019) los cuentos Matemática y Noche de San Valentín".

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