CUENTOS DE PRIMAVERA
28 de octubre de 2021 07:10:00
Sí, fui yo. ¿Tengo que repetir todo? No sé cuándo empezó. A lo mejor en esos almuerzos, o cuando mordí la teta a mi madre hasta hacérsela sangrar. He hablado tanto que cuento el recuerdo de mi relato. ¿Los almuerzos? Sí, bocados de angustia. Laceración de gritos con puré. Golpes en la mesa. Fluidos derramados. Sumisión humillante. El sonido gaseoso del sifón vacío. Historia repetida de tormento cotidiano. Igual, ignoro si es como ustedes dicen. La constante agresión pública del rumiante humano. Soplidos aspirados de líquidos que queman en cucharas. Quizá fue la provocación del cuadro de la pared del comedor: el hombre de negro, rico, alimentando su obesidad y su bigote enrulado en la taberna; grasa sobre grasa. Papada rechoncha envuelta en una servilleta descomunal, y la actitud servil del mesero, hombre enjuto que procura su sustento alentando una ingesta oprobiosa. La orgía sobre la mesa, langostas, vapores de licor. Y un testigo que, en otro cuadro estampado en el mismo lienzo, no puede escapar al suplicio diario del embuchamiento obsceno. Sí, quizás haya sido esa pintura. Bacanales domésticas. Bocas de bolos pegajosos. Palabras escupidas. Ascenso succionado de serpientes con baño de tuco. Carcajadas de lascivia eructada y la displicencia de la servilleta, arrugada y grasienta, sobre un plato sucio. Pornografía culinaria. Exposición pública de actos privados; comilonas «pour la galerie». Buches inflados. Cubiertos en cruz, resabios de rouge estampados en copas. Quijadas que se desquician, impactos masticatorios feroces. Miradas perdidas, rostros de éxtasis. Ojos en blanco y sonidos de orgasmos fingidos. O tal vez fue la enfermera que inyectaba vitaminas con fauces de galleta, hurgueteando con la lengua entre sus dientes frente la entrega de un cuerpo vulnerable y manso. La aguja penetrando en la piel y migas implacables arremetiendo empastadas sobre el sufrimiento del débil. Respiración contenida y un insulto que no se espeta. Vergüenza y dolor. Sí, puede haber sido esa mujer y los chasquidos de su lengua con masa. Tragos sonoros de vino con aire que empujan la nuez y degluten odio. Burbujas rosadas de goma con saliva. Conciertos de crocancia con sal. Dibujos con miga en restos de salsa. Pan chorreante entre un mazacote de olores. Incisivos que arrancan dientes a la mazorca mientras el hilo líquido se escurre por la comisura. Escarbadientes disimulados por pantallas de manos. Sí, comportamiento irracional y exagerado, puede ser. Mareo, calor, sudor, desmayo. Rechinar de cubiertos. Choque de piezas. Bocas abiertas. Bocas cerradas. Coros desbocados que mascan lujuria. Ahogo. Asfixia. Tortura. Devastación. Palpitaciones y un maremoto de sangre que irrumpe. Músculos tensos. Ira. Violencia. Locura. Sí, fui yo. Lo repito. ¿Me puedo ir?
Por Maria Laura Besio
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